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Hay educación financiera, pero falta mas

Hay educación fianciera, pero falta mas.

En la última década se ha desarrollado un gran esfuerzo por aumentar la educación financiera de los españoles. Las instituciones públicas, encabezadas por el Banco de España, intermediarios y asesores financieros, así como medios de información especializados, ofrecen tal abanico de programas y canales de acceso a la formación financiera que no debería hacer dudar sobre el incremento de la cultura financiera en nuestro país. Sin embargo, los datos sobre distribución del ahorro de las familias en España delatan que aún queda un largo camino por recorrer.

Los datos publicados por el Banco de España y por Inverco, la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva, referidos tanto al final del año pasado como del primer trimestre del presente, muestran que la estructura del ahorro familiar en nuestro país sigue muy concentrada en activos inmobiliarios, que no gozan de la liquidez de los activos financieros.

 

Frente a nuestros vecinos europeos, España se sitúa en la zona de cola en cuanto a la proporción de activos financieros sobre el Producto Interior Bruto. Por encima de naciones como Irlanda, Finlandia o Austria, por debajo de la media europea y muy lejos de países con mayor tradición inversora. Peor es aún la comparación en términos de volumen de activos financieros por habitante, en la que España solo supera a Portugal.

 

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Otros datos que sugieren que la oferta de formación no ha calado en la sociedad española, es la evolución relativa de ahorro repartido en los distintos grupos de activos financieros. A pesar de una leve reducción en los depósitos e imposiciones a plazo, casi el 40% de los 2,1 billones de euros en activos financieros se destinan hacia este tipo de inversión, cuya rentabilidad no supera la inflación, lleva una buena temporada sin remuneración y camina hacia una tasa de interés negativa. 

Frente a los depósitos, el grupo de las instituciones de inversión colectiva, como fondos y planes de pensiones, apenas registran variaciones más allá de las fluctuaciones de sus valoraciones en los mercados financieros. Una paradoja si tenemos en cuenta de que la inversión colectiva mejora notablemente los resultados individuales y los fondos de inversión acaparan la mayor parte de la rentabilidad en el medio y largo plazo.

 

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Está claro que no basta con aumentar el número de conferencias, charlas, informaciones o seminarios de formación financiera, si con ello no se logran mejorar los hábitos de inversión. Es necesario que la enseñanza sea amplia, pero también clara, adaptada al grado de cultura previa, asequible y lo más temprana posible. No parece de recibo que, en nuestros días, la mayoría de los jóvenes no aprecien la diferencia entre una tarjeta de débito y otra de crédito, distingan entre un crédito al consumo y un préstamo hipotecario y, menos aún, la diferencia entre fondos de inversión, planes de pensiones y depósitos. 

Es muy importante instruir no solo a los más jóvenes, sino a todos los grupos de edad. Podíamos empezar por los menos sobrados y que precisan de la máxima protección, para ofrecerles y enseñarles alternativas para esos más de ochocientos mil millones en depósitos al cero por ciento, antes de que paguen por guardar su dinero.

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